Confesión a Laura: érase un 9 de abril de 1948

Sonia Natalia Cogollo-Ospina
Es indudable que el 9 de abril de 1948 dejó una marca indeleble en la historia colombiana y de ello se han producido documentales y diversas historias.  Lo común es encontrar en ellas la reconstrucción de los hechos: la muerte del caudillo, los saqueos, los francotiradores. 
Laura
Confesión a Laura (1990), en cambio, es una película que tiene una original perspectiva para contar los hechos, para hacer historia.  Elige la mirada intimista, personal y psicológica de tres personajes que a raíz del Bogotazo tienen que permanecer encerrados y desnudar su interior.  Josefina, una mujer conservadora e intensa, casada con un hombre de 55 años, sumiso, empleado público, que quiere hacerle una atención a su vecina Laura, por motivo de su cumpleaños número 45.  De telón de fondo está el asesinato de Gaitán y toda la turba que se formó alrededor de ello por las calles de Bogotá.  Comienza así la narración con imágenes de ese contexto, tipo documental para lo cual Jaime Osorio recurrió a la recopilación de fotografías de ese momento, a yuxtaponerlas para dar la ilusión de movimiento y creativamente inserta la imagen de Gustavo Londoño en blanco y negro entrando a su apartamento para dar mayor credibilidad a la historia que muestra 24 horas en la vida de estas tres personas, el 10 de abril de 1948.
 
La radio también es protagonista en este filme pues debido a que lo que sucede afuera es importantísimo y peligroso, la forma de enterarse de todo es a través de este medio de comunicación.
Josefina le entrega una torta a Santiago, su esposo, para que se la lleve a Laura de regalo de cumpleaños.  Lo obliga a llevársela al apartamento de enfrente, teniendo que cruzar la calle; cumplir tal cometido le exige permanecer con Laura durante el toque de queda.  Paulatinamente los personajes comienzan a despojarse de sus máscaras, a hablar de sus temores, de sus sueños y sus problemas.
 
Lo más admirable de esta producción son los alcances que logra para retratar psicológicamente a los personajes, para narrar pausada, pero fluidamente, lo que acontece de manera paralela al Bogotazo en la vida de tres personas del común, en un espacio cerrado, limitado, íntimo.  El alcance de esto es la posibilidad de contar la historia desde una versión no oficial, reflejar cómo sucesos del acontecer histórico tienen efectos en los ciudadanos al punto de hacer girar 180° sus vidas.
 9 de julio de 2010

Publicado por

Sonia Natalia Cogollo-Ospina

Cinéfila y melómana. De profesión, Psicóloga, Magíster en Literatura Colombiana y Doctora en Artes.

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